Grans frases

dijous, 31 de desembre del 2009

FELIÇ ANY NOU!!!!


Que passeu genial el pas d'un any a l'altre i que l'any vinent us porti tanta bona sort i salut com sigueu capaços/es d'imaginar

Ens veiem el 2010, família!!!!

Molts petons!!

dimecres, 9 de desembre del 2009

Memòries de La Huaca

1ª part: Per què, La Huaca?

Una de les nostres fundadores (i actual dinamitzadora, la Teresa Sanz) ens va regalar un dia, amb aquestes paraules, l'experiència del naixement de La Huaca:

LA HUACA
(Una experiencia intercultural ex–céntrica)

Quiero aclarar antes de nada que nuestro Proyecto de Intercambio Cultural ha sido posible gracias al impulso original de un pequeño y animoso grupo de alumnos (Mª José Cobos, Noemí Quirós, Verónica Berrocoso, Ruth Vela, Zen Zen Ye, Abdislam Esahli, Omar González, Leila Tión y Éric López) que decidieron poner el mundo patas arriba y me animaron a integrarme en la tarea.

Punto de partida y gestación
(IES Eugeni d’Ors, barrio de Sant Roc, Badalona, curso 2000-01)

Hay que recordar que, estos últimos años, escuelas y barrios como los nuestros han sufrido las consecuencias extremas de una política educativa irresponsable y/o perversa (en favor de la selección del alumnado y de la escuela privada, por ejemplo). En nuestras aulas (masivamente pobladas) se encaraba, sin suficientes medios ni preparación, el reto de la integración de un grupo numeroso de etnia gitana, no siempre dispuesto a alcanzar obligatoriamente la cultura “paya”, y de un núme
ro (cada vez más alto) de alumnos procedentes de todo el mundo con los que no compartíamos costumbres y ni siquiera lengua. Así es que una profesor/a se podía encontrar con diversas formas de “resistencia lógica” a su autoridad y a su saber. Saber que el profesorado cuestionaba también, porque se encontraba inexperto y pobre frente a tanta diversidad, que se vivía, y se vive todavía, como conflicto. Todo igual que fuera de la escuela.

El grupo mencionado de alumnos reaccionó, entonces, hacia adelante: “Nuestro instituto es un resumen del mundo”, decían, “parece un caos, pero también es riqueza, lo tenemos que aprovechar, lo debemos ordenar a nuestra manera”.

Dos cosas, por encima de otras, me sedujeron del empuje de estos jóvenes.

En primer lugar, su crítica vitalista y radical a las soluciones “políticamente correctas”. El grupo tenía la seguridad de que todas las propuestas de integración conocidas (acogida, tutorías, ONG, etc.) reforzaban sutilmente las dicotomías jerárquicas clásicas capitalistas: quién ayuda y quién lo necesita, ciudadanía y extranjería, igual y diferente, riqueza y pobreza. Este convencimiento era un saber de barrio, producto de la experiencia. Yo reconocí este saber. La solución estaba en inventar una práctica diferente de relación con la diversidad, una práctica motivadora como la que te impulsa a viajar, a conocer mundo...

Y, en segundo lugar, la certeza de que aquel grupo reclamaba mi participación “diferencial”. Yo les había hablado de mi experiencia en el Movimiento Feminista, de que muchos grupos de mujeres, mientras reclamaban atención y modificaciones institucionales, no se quedaban en la queja y se juntaban para crear nuevos espacios y nuevas relaciones deseadas. Les explicaba que estas relaciones se volvían ricas y referenciales para quien quiere practicar la libertad. El grupo reconoció este saber feminista, me invitó a compartirlo y me reconcilió con la profesión que amo, recordándome que enseñar es inseparable de aprender.

Así intentamos dibujar la experiencia que queríamos a partir de lo que no queríamos. Pero no era fácil: ¿Cómo incidir positivamente en la relación de las diferencias? ¿Cómo “nombrar”, es decir, “establecer” la relación que deseábamos? El alumnado recurrió a su propia experiencia de aprendizaje y, después de un año de pensarla, se configuró la propuesta de intercambio cultural.

Queríamos hacer encuentros periódicos libres y voluntarios en el instituto, fuera del horario escolar, en un marco de ocio y amistad. La relación anfitrión/ona-invitado/a, sustituiría a la de maestro/a–alumno/a. La nueva lengua se enseñaría para poder hablar de uno mismo y no sólo para escuchar. Todos se encontrarían para aprender. Se trataría de un intercambio, no de una ayuda. El instituto se convertiría en una habitación propia, no en un lugar de acogida.

Teresa Sanz Coll
Coordinadora del Proyecto de Intercambio Cultural del IES Eugeni d’Ors de Badalona