
Que passeu genial el pas d'un any a l'altre i que l'any vinent us porti tanta bona sort i salut com sigueu capaços/es d'imaginar
Ens veiem el 2010, família!!!!
En primer lugar, su crítica vitalista y radical a las soluciones “políticamente correctas”. El grupo tenía la seguridad de que todas las propuestas de integración conocidas (acogida, tutorías, ONG, etc.) reforzaban sutilmente las dicotomías jerárquicas clásicas capitalistas: quién ayuda y quién lo necesita, ciudadanía y extranjería, igual y diferente, riqueza y pobreza. Este convencimiento era un saber de barrio, producto de la experiencia. Yo reconocí este saber. La solución estaba en inventar una práctica diferente de relación con la diversidad, una práctica motivadora como la que te impulsa a viajar, a conocer mundo...
Y, en segundo lugar, la certeza de que aquel grupo reclamaba mi participación “diferencial”. Yo les había hablado de mi experiencia en el Movimiento Feminista, de que muchos grupos de mujeres, mientras reclamaban atención y modificaciones institucionales, no se quedaban en la queja y se juntaban para crear nuevos espacios y nuevas relaciones deseadas. Les explicaba que estas relaciones se volvían ricas y referenciales para quien quiere practicar la libertad. El grupo reconoció este saber feminista, me invitó a compartirlo y me reconcilió con la profesión que amo, recordándome que enseñar es inseparable de aprender.
Así intentamos dibujar la experiencia que queríamos a partir de lo que no queríamos. Pero no era fácil: ¿Cómo incidir positivamente en la relación de las diferencias? ¿Cómo “nombrar”, es decir, “establecer” la relación que deseábamos? El alumnado recurrió a su propia experiencia de aprendizaje y, después de un año de pensarla, se configuró la propuesta de intercambio cultural.
Queríamos hacer encuentros periódicos libres y voluntarios en el instituto, fuera del horario escolar, en un marco de ocio y amistad. La relación anfitrión/ona-invitado/a, sustituiría a la de maestro/a–alumno/a. La nueva lengua se enseñaría para poder hablar de uno mismo y no sólo para escuchar. Todos se encontrarían para aprender. Se trataría de un intercambio, no de una ayuda. El instituto se convertiría en una habitación propia, no en un lugar de acogida.
Teresa Sanz Coll
Coordinadora del Proyecto de Intercambio Cultural del IES Eugeni d’Ors de Badalona